Zurrón de los Recuerdos «Una calle para Don Gonzalo Fernández Parrilla, primer párroco en La Montaña de Gáldar, Gran Canaria»

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A todas y a todos, muy buenos días. Al Zurrón de hoy lo he titulado:

Una calle para Don Gonzalo Fernández Parrilla, primer párroco en La Montaña de Gáldar, Gran Canaria.

Cuando en estos días buscaba en los archivos de casa el tema a tratar para el día de hoy en este interesante programa “El Zurrón de los recuerdos”, curiosamente, me tropiezo con una de mis presentaciones, se trataba en concreto de la del pregonero de las Fiestas de la Montaña del año 1989. Y digo “curiosamente” porque los oyentes recordarán que no hace muchos días que le nombré, y fue en una reflexión que dediqué a mi hija Raquel con motivo de su boda el día 25 del pasado mes de octubre bajo el título “Crisis Democrática”. Recordarán también que decía, que don Gonzalo se había desplazado desde San Bartolomé de Lanzarote, que actualmente es su parroquia, para oficiar la misma en nuestro Templo de Santiago Apóstol.

También no debemos olvidar y de agradecerle, que vino de celebrante a la misa solemne de la Parroquia de La Montaña el 12 de octubre, día en el que se celebra la fiesta principal en honor a Nuestra Señora de Fátima.

Oirán, como que en la presentación que paso a leerles, hacía mención al empeño que por aquellas fechas, teníamos los organizadores de las fiestas y los miembros del Grupo de Teatro Ajódar, para que la subida de la Montaña pasara a denominarse “Avenida don Gonzalo Fernández Parrilla”, cosa que desafortunadamente no conseguimos.

Por este motivo, el 20 de junio de este año, en mi pregón a Santa Teresa de Jesús en Cañada Honda, le hacía la petición pública al alcalde del pueblo allí presente, y era que, en vista que dicha avenida ya tiene el nombre de nuestros Canteros, se busque otra vía en la barriada para que así se cumpla con una deuda contraída con el primer párroco que tuvo la Montaña de Gáldar. Ojala Sr. Alcalde, ¡Ojala!

Ahora, dejemos que nuestra imaginación nos situé en el año 1989 para escuchar la presentación que les narro del pregonero de las Fiestas.

PRESENTACIÓN DEL PREGONERO DE LAS FIESTAS DE LA MONTAÑA 1989

El pasado año, comenzaba mi pregón, expresando mi preocupación, y decía que no era lo mismo colocar los micrófonos que hablar por ellos, aunque tenga fama de no parecerlo y de hablar mucho.

Quiero de nuevo recordar mi preocupación, y este año aún más, aunque pueda resultar una comodidad, ya que si te eligen bien pa­ra pregonero o para presentador, tranquilamente puedes optar por dos posturas: hacerlo bien o renunciar. En relación con lo segundo, renunciar, no me atrevería, ya que nací, me crié y aún vivo aquí, en La Montaña, y no pienso cambiar mi domicilio por otro barrio, y como hijo de esta barriada, tengo la obligación como cualquier otro de aportar lo que sea para el crecimiento de la misma.

En relación con lo primero, hacerlo bien, lo in­tentaré por todos los medios, no sólo en respeto a ustedes que nos acompañan esta noche y merecen todo nuestro empeño en hacerles pasar una velada agradable, sino por el protagonista de la noche, don Gonzalo Fernández Parrilla, cariñosamente conocido por “Don Gonzalo”. Es curioso que los que le tuteamos, y me refiero a los de «mi era», quiero decir, los de mi edad, seguimos llamándole “Don Gonzalo”, aunque sus apellidos y junto a su nom­bre, un grupo de amigos, en reconocimiento al bien social que Don Gonzalo brindó a La Montaña durante tantos años, estuvimos intentando sin éxito alguno, que la subida al barrio se llamase «Avenida Gonzalo Fernández Parrilla». Decimos que sin éxito, pero aún no perdemos las esperanzas. No perdemos las esperanzas ya que las personas que están por ahora al frente de la entidad más representativa del Barrio, “La Asociaci6n de Vecinos Nuestra Señora de Fátima”, ha seguido de alguna manera, las buenas ­costumbres que se iniciaron en principio: la Calle y Placa muy bien merecida a Don Abraham González Arencibia y la Calle igual de merecida a “Carmeli­ta la Maestra”. Y es que somos así de agradecidos, quizás por aquel refrán que nos recuerda nuestros mayores: “de bien nacidos es ser agradecidos”.

Bien, ahora me llega lo más difícil, sí, lo más difícil: hablar de un hombre que dedicó tantos años a nuestro barrio y que lo ten­ga que hacer en cinco minutos, eso, es bastante difícil, por ello con tal de ser­ lo más breve posible recurriré a frases o anécdotas que no por más importantes me vienen al recuerdo.

Alguien decía: Don Gonzalo, hombre joven, moderno, de mirada sere­na, penetrante que ha llenado de inquietudes a La Montaña, de trato abierto y palabra confiada. Hombre de valerosa paciencia que ha sabido engarzar los ideales de toda la gente del pueblo hasta poner en marcha un molino de voluntades, que va moliendo lentamente, pero en fino, todas las ilusiones que aquí se engendran.

Lanzarote, su Isla, curiosamente, si siete son las Islas Canarias, siete son los municipios de Lanzarote: Arrecife, su capital, Haría, San Bartolomé, Teguise, Tías, Yaiza y por último, Tinajo, su pueblo natal, allí, en Morro del Viento, concretamente en la Zona Noroeste de la Isla nace Don Gonzalo. Primero fueron sus hermanos José Luís, Mari Carmen, y luego su hermano Antonio, éste último, unos minutos antes que él, su hermano gemelo. Fíjense hasta donde llega la humildad de Don Gonzalo, que en el momento del nacimiento le dijo a su hermano         -Antonio, ¡pasa tú primero! – y luego nació él. A continuación, le seguirían dos hermanos más, Gloria y por último Abe1ardo. Creo que, de todos, Abelardo es el más tiempo que ha pasado con nosotros por aquí, en La Montaña.

Su Iglesia, San Roque, a 400 metros de su casa, que junto a la de Nuestra Señora de los Dolores, más conocida por Nuestra Señora de los Vo1canes, sumaban unos 3.500 feligreses. Allí, en San Roque y con gran regocijo por parte de todos los familiares, recibían el bautizo los dos gemelos. Eran tan parecidos que a veces se creaba la normal confusión familiar, nunca naturalmente, para Carmen o «madre» como así le llaman, ni mucho menos para José, o «Padre”.

Se dice que de muchísimos años hacia atrás había en la fami1ia otro Cura, pero actualmente y hasta la fecha es el único caso vocacional existente en Tinajo. Con 14 añitos recién cumplidos, salen los dos hermanos hacia el Seminario de Las Palmas de Gran Canaria en la calle Doctor Chi1, no sin antes pasar por el Instituto de Arrecife donde recibieron sus pri­meros estudios. Luego al Seminario de Taf’ira, siempre unidos. Aquí   recuerdo una anécdota que a veces el propio Don Gonzalo nos contaba: -éramos tan unidos, que a veces por casualidad comprábamos un pu1over, y cuando llegábamos a casa el otro había compra­do otro del mismo color. Pero esta unión, paradójicamente acabó con la Iglesia, digo paradójicamente y con el mayor cariño, ya que cuando nos casamos el sacerdote, nos dice: -«lo que la Iglesia une que no lo separe el hombre»-, Pues los dos hermanos recibieron las Orde­nes en La Catedral y a continuación a Antonio lo mandan al Valle de San Roque en Telde y a Don Gonzalo de Coadjutor en la Iglesia de Nuestra Señora del Pino en Teror.

Celebraron la primera misa en su Iglesia de San Roque en Lanzarote un feliz verano del año 1967. A continuación, lo enviaron a la Iglesia de Jinámar, desde allí viene de párroco a la Montaña, fue un 27 de octubre de 1969. Y como él decía a veces, se encontró con una gente deseosa de tener un Cura en medio de ellas, con una zona tradicional en aquellos momentos. Personas con dificultades de arrancar y romper con una se­rie de prácticas, con dificultades también de practicar un cristianismo más comprometido. Pero, aunque él dijera muchas veces que no era la persona idónea lo logró. Lo logró porque a él le debemos muchos de nosotros el que nos hayamos comprometido más con la sociedad, con la familia y con los hijos, gracias a aquellas célebres reuniones de juventud y reuniones de matrimonios. Ahora estamos viviendo de una forma más comprometida, saboreando unos buenos frutos gracias a las semillas por él sembrada.

El también está recogiendo sus frutos, muy bien merecidos. Cuando le preguntas a cualquier profesor del Instituto de Santa María de Guía, donde impartía sus clases, automáticamente te dicen, -De Don Gonzalo estaríamos hablando horas y no terminaríamos-. Se conserva un buen recuerdo no sólo en los alumnos, sino también en los profesores, ya que se destacaba por su ejemplaridad, dedicación, cariño y demás cualidades humanas, destacándose también fundamentalmente su gran preocupación por la problemática juvenil.

Cuando nos dejó lo enviaron a Gran Tarajal en la isla de Fuerteventura. Lo pri­mero que hizo cuando llegó fue, proponer a la comisión de festejos una representación del Grupo teatral Ajódar. Esta fue nuestra primera salida de la Isla.

Después vuelve al Seminario, pero en esta ocasión de formador, y, nuevamente a nuestro pueblo. Pero en este caso, nada más y nada menos que de Vicario Episcopal del Noroeste.

Señoras y señores, con todos ustedes, el Reverendo Señor Vicario Episcopal don Gonzalo Fernández Parrilla, pero para nosotros Don Gonzalo, NUESTRO FLAMANTE PREGONERO DE LAS FIESTAS PATRONALES EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA 1.989.

El texto del Pregón, quiero reservarlo para el propio Don Gonzalo, que afortunadamente nos acompaña todavía y con esperanzas de muchos años, quizás algún día le debiéramos invitar para que lo diserte personalmente en uno de los Zurrones de cada sábado.

Quiero cerrar la intervención en el día de hoy, aún con el programa de dichas fiestas en mis manos, leyéndoles un precioso poema que el desaparecido poeta, escritor y Premio Canarias de Literatura Manuel Padorno Navarro, nos dedicó a los vecinos de La Montaña y que posteriormente lo publicó en 1986, en su libro Una bebida desconocida.

LA MONTAÑA DE GÁLDAR

 

                                      El volcán se derrama lentamente

                                      en la luz, en el vaso del silencio.

 

                                      La montaña tendida sobre el lecho

                                      del aire (renacida) y su oleaje

                                      el cielo trasparenta, fulge dentro

                                      la lámpara de lava, el ave quieta

                                      alumbra mineral en su fijeza

                                     conduce el vuelo pétreo y posa donde

                                      el volcán alimenta la flor seca,

                                      salitre delirante de la aulaga

                                      azufra vegetal, cuida la planta

                                     íntima con asombro y mimo, siente

                                      que en ella sola su ceniza brota

                                      viva, renace, vuelve y da la vida;

                                      el volcán oferente la derrama

                                      dentro en el interior, mano del aire

                                      baja la flor humilde más extraña

                                      en su jarra invisible, sólo entonces

                                      el vaso cristaliza y alguien suelda

                                      el habitante a su montaña, suelda

                                      una inmensa raíz en cada piedra,

                                      en cada muro, en cada calle, en cada

                                      puerta, inmensa raíz sostiene cada

                                      mano cordial, cimenta el interior

                                      del hombre, entraña cada casa, cría

                                      el aire su montaña propia, trenza

                                      amoroso su fe a lo que ama, enlaza

                                     el objeto real a la mirada, da

                                      la mano al vaso que usa, la ventana

                                      abre a la luz, acerca aquella silla

                                      a la figura del cansancio, pone

                                      el mantel, parte el pan sobre la mesa;

                                      la luz talla la estancia. Alguien vierte

                                      el ramo de ceniza viva en la alegría,

                                      comienza el fruto terrenal y orea

                                      dentro en el interior de cada mano,

                                      la montaña derrama dulcemente

                                      la claridad humana que se escancia

                                      en la luz, en el vaso de la tierra:

                                      recostado en la tierra, beba tierra;

                                      montaña cuerpo de mujer el aire

Muchas gracias a todos y a todas, feliz fin de semana y hasta el Zurrón del próximo sábado.

Sábado, 23 de noviembre de 2008

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